La última semana dejó una lectura clara para los mercados: el apetito por riesgo sigue presente, pero el equilibrio es cada vez más frágil. A nivel global, los inversores continúan comprando la narrativa de soft landing, apoyada en buenos resultados corporativos y resiliencia del sector tecnológico. Sin embargo, el repunte del petróleo, las tensiones en Medio Oriente y la suba de tasas en Estados Unidos vuelven a poner presión sobre valuaciones y expectativas.
En este contexto, el mercado parece dispuesto a mirar más allá del conflicto entre Estados Unidos e Irán, aunque los precios del crudo y los bonos muestran que el riesgo geopolítico sigue lejos de estar resuelto. El Estrecho de Ormuz continúa siendo el principal foco de tensión: si el conflicto se prolonga, el riesgo deja de ser un shock transitorio y pasa a convertirse en un escenario de inflación más persistente y menor crecimiento global.
En Estados Unidos, la temporada de resultados sigue siendo el principal soporte para las acciones, especialmente en tecnología e inteligencia artificial. No obstante, el liderazgo del mercado se mantiene concentrado y la suba de los rendimientos del Treasury limita el margen para una nueva expansión de múltiplos. La audiencia de Kevin Warsh en el Senado también gana relevancia, ya que el mercado la interpreta como una prueba sobre la futura independencia y orientación de la Reserva Federal.
Europa mostró mayor sensibilidad al shock energético, con caídas en bolsas y presión sobre rendimientos soberanos. Asia, por su parte, alternó entre el impulso tecnológico y la cautela derivada del petróleo y el comercio global. En emergentes, el tono fue mixto: Asia sostuvo mejor el apetito por riesgo, mientras que LatAm acompañó parcialmente, aunque con mayor dependencia del contexto externo.
En Argentina, la semana volvió a mostrar una economía a dos velocidades. Por un lado, el frente financiero continúa mejorando: el BCRA compró USD 595 millones en el MLC durante la semana, acumulando USD 1.634 millones en abril, mientras el tipo de cambio oficial se mantuvo contenido. Además, el apoyo multilateral se fortaleció con nuevas garantías del BID por USD 550 millones, que se suman a los USD 2.000 millones anunciados por el Banco Mundial.
La deuda soberana también mostró mejor tono, con los Globales avanzando y el riesgo país cerrando cerca de los 520 puntos básicos. Sin embargo, la compresión de spreads sigue siendo limitada y dependiente del clima externo. Los bonos largos continúan ofreciendo rendimientos elevados, en torno al 9,4% TNA, reflejando que el mercado todavía exige evidencia adicional de consistencia macro y política.
En pesos, la deuda se mantuvo firme, sostenida por abundante liquidez. La licitación del Tesoro alcanzó un rollover de 127% sin generar presión relevante sobre tasas, mientras los instrumentos tasa fija 2026 operaron en niveles comprimidos. El foco estará en la capacidad del Tesoro de sostener estos niveles sin comprometer el equilibrio financiero.
El contraste aparece en la economía real. Los salarios reales privados registrados cayeron por sexto mes consecutivo, mientras el consumo sigue débil y algunos indicadores de actividad muestran señales de enfriamiento. Esta divergencia entre mejora financiera y deterioro real sigue siendo el principal desafío del programa económico.
Desde Everest, la lectura central es que el mercado global todavía sostiene una narrativa constructiva, pero con menor margen de error. Tasas altas, petróleo elevado, riesgo geopolítico y dudas sobre la Fed pueden tensionar el equilibrio actual. En Argentina, el avance en reservas y apoyo externo es positivo, pero aún no alcanza para consolidar una compresión estructural del riesgo.
El riesgo no está solamente en el shock, sino en su persistencia. Y en ese escenario, la selectividad vuelve a ser el principal criterio de asignación.
