Marzo comienza con un mercado financiero argentino relativamente estable, sostenido por la continuidad del programa macroeconómico basado en disciplina fiscal y monetaria. El tipo de cambio se mantiene en torno a $1.400, favorecido por el ingreso de divisas de la cosecha gruesa y por una política monetaria que, pese a cierta flexibilidad operativa en las licitaciones del Tesoro, mantiene un sesgo contractivo. En este contexto, la estabilidad cambiaria y la desaceleración inflacionaria continúan funcionando como los principales anclajes de expectativas.
El programa económico avanza hacia una segunda etapa orientada a transformar la estabilización lograda en 2025 en crecimiento sostenido, combinando reformas estructurales laborales, tributarias y de desregulación con incentivos a la inversión y un mayor desarrollo del mercado de capitales local. El objetivo es canalizar el ahorro interno hacia el sistema financiero formal y ampliar gradualmente el crédito a pymes y sectores productivos.
En el frente inflacionario, la curva en pesos mostró cierta mejora, con inflación implícita cercana al 2% mensual en el tramo corto de la curva CER. Sin embargo, estimaciones privadas continúan ubicando la inflación entre 2,5% y 3% mensual, lo que sugiere que la convergencia sostenida por debajo del 2% podría demorarse más de lo previsto.
La liquidez en pesos continúa siendo elevada. En la última licitación del Tesoro se colocaron $7,2 billones con un rollover cercano al 93%, lo que implicó una absorción limitada de pesos y se reflejó en tasas de caución bursátil cercanas al 20% anual. Este escenario indica un sistema financiero con abundante liquidez y sin tensiones relevantes en el corto plazo.
En el mercado cambiario, marzo presenta vencimientos en moneda extranjera por aproximadamente USD 356 millones por parte de empresas y provincias. Aunque estos pagos generan cierta demanda adicional de divisas, el mercado continúa mostrando estabilidad. Desde la perspectiva del mercado, niveles cercanos a $1.480 podrían activar mayor demanda de cobertura cambiaria.
Otro factor relevante es el crecimiento de los depósitos en dólares del sector privado, que alcanzaron alrededor de USD 39.000 millones, el nivel más alto desde la salida de la convertibilidad. Este aumento refleja mayor confianza en el sistema financiero y fortalece la capacidad del sistema bancario para expandir gradualmente el crédito en moneda extranjera.
En el plano institucional, la promulgación de la Ley de Modernización Laboral constituye una de las reformas más relevantes recientes. La iniciativa introduce mayor flexibilidad laboral y busca reducir la litigiosidad, con el objetivo de mejorar el clima de inversión y favorecer la formalización del empleo.
En este contexto, el riesgo país se mantiene en torno a 540–550 puntos básicos. Si se sostienen la disciplina fiscal, la acumulación de reservas y la estabilidad macroeconómica, el mercado considera posible una compresión adicional de spreads que permita mejorar gradualmente el acceso al financiamiento internacional.
En términos generales, el mercado argentino continúa operando bajo un equilibrio financiero frágil pero relativamente estable, condicionado principalmente por tres variables: la acumulación de reservas del Banco Central, la liquidez en pesos del sistema financiero y la evolución de la actividad económica.
El escenario global estuvo marcado por un aumento de la incertidumbre geopolítica debido a la escalada del conflicto en Medio Oriente. Las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán elevaron el riesgo energético global, particularmente por la situación en el Estrecho de Ormuz, corredor por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo.
El aumento de la prima de riesgo geopolítica impulsó al petróleo a moverse en la zona de USD 83–87 para el Brent y USD 76–84 para el WTI, incorporando mayor volatilidad en commodities y mercados financieros.
En Estados Unidos, los mercados reaccionaron con cautela. Los rendimientos del Treasury a 10 años se ubican alrededor del 4,1%, reflejando que el mercado comienza a incorporar el riesgo de presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento energético, lo que podría retrasar el ciclo de recortes de tasas de la Reserva Federal.
Europa mostró mayor sensibilidad a este escenario debido a su dependencia energética, con caídas en sectores intensivos en energía como transporte y turismo. En Asia, la reacción fue también significativa por la fuerte dependencia energética de economías como Japón, Corea del Sur e India, mientras China continúa mostrando señales de debilidad cíclica con un PMI manufacturero en terreno contractivo.
En conjunto, el sistema financiero global no muestra señales de estrés sistémico, pero sí atraviesa una fase de recalibración de riesgos, donde el factor energético y su impacto sobre inflación y tasas de interés se convierte en la principal variable a monitorear en las próximas semanas.
