La semana estuvo marcada por una fuerte mejora táctica en los mercados globales impulsada principalmente por la caída de la prima geopolítica en energía, la compresión de yields soberanos y una moderación parcial de las expectativas inflacionarias de corto plazo. El mercado volvió a favorecer activos de riesgo, duration intermedia y sectores vinculados a inteligencia artificial y tecnología, consolidando un “risk-relief rally” luego de varias semanas dominadas por temores de estanflación y shock energético.
La corrección del petróleo fue uno de los principales drivers de la semana. El WTI retrocedió cerca de 10% y el Brent volvió a estabilizarse debajo de los máximos recientes, generando alivio sobre inflación implícita, tasas reales y condiciones financieras globales. En paralelo, el Treasury a 10 años comprimió rendimientos y el VIX volvió a operar en niveles relativamente bajos, reflejando un renovado apetito por riesgo y menor percepción inmediata de estrés macroeconómico.
El mercado comenzó a descontar un escenario de desaceleración inflacionaria gradual, crecimiento resiliente y menor probabilidad de un shock energético persistente. Esto favoreció particularmente a tecnología, semiconductores, infraestructura vinculada a inteligencia artificial y quality growth, sectores que continuaron liderando la performance global. El Nasdaq volvió a mostrar fortaleza, sostenido por expectativas de earnings sólidos y continuidad del ciclo de inversión en AI.
Sin embargo, detrás de la mejora táctica continúan existiendo inconsistencias relevantes entre pricing financiero y fundamentos macroeconómicos. Mientras el equity sigue operando bajo una narrativa de rápida normalización macro y eventual flexibilización monetaria futura, las tasas reales permanecen elevadas, el oro continúa mostrando demanda estructural como hedge sistémico y el mercado energético sigue exhibiendo fragilidad física y geopolítica.
La principal lectura estratégica de la semana es que el mercado mejoró en términos tácticos, pero todavía no resolvió sus desequilibrios estructurales. La reciente caída del petróleo refleja principalmente compresión de prima geopolítica más que una solución definitiva del déficit energético global. La energía continúa actuando como el principal driver macro del trimestre y sigue siendo el factor con mayor capacidad de alterar expectativas de inflación, crecimiento y política monetaria.
El contexto actual refleja además un cambio de régimen más profundo respecto de los últimos años. El mercado dejó atrás un entorno dominado por liquidez abundante, tasas reales negativas y expansión de múltiplos para entrar en una etapa caracterizada por costo de capital más elevado, inflación más persistente y creciente sensibilidad de los activos financieros a tasas reales y shocks físicos de oferta. La política monetaria continúa siendo restrictiva y, al mismo tiempo, pierde efectividad frente a restricciones energéticas y geopolíticas que no pueden resolverse mediante liquidez.
En renta fija, la compresión de yields favoreció duration intermedia e investment grade, aunque seguimos observando vulnerabilidad en duration larga estructural. El Treasury a 10 años continúa siendo el principal nivel de monitoreo macro: por debajo de 4,25% las condiciones financieras se relajan rápidamente, mientras que por encima de 4,50% reaparece presión significativa sobre múltiplos, spreads y valuaciones de activos de riesgo.
En commodities, el petróleo mantiene un rol central dentro del ciclo macro global. Aunque los precios corrigieron parcialmente, el mercado energético continúa estructuralmente ajustado y vulnerable a shocks geopolíticos. El oro, por su parte, sigue funcionando como cobertura estratégica frente a inflación persistente, deterioro fiscal y riesgos sistémicos.
En Argentina, el contexto internacional más favorable permitió una mejora táctica significativa en activos financieros locales. El riesgo país comprimió hacia la zona de 515bps, los bonos soberanos recuperaron terreno y el Merval volvió a mostrar subas en dólares. La estabilidad cambiaria continuó sostenida por fuerte liquidación agroexportadora, emisiones corporativas y acumulación de reservas por parte del Banco Central.
Sin embargo, la economía local continúa mostrando señales mixtas. Si bien aparecen algunos indicios de estabilización y recuperación parcial en sectores vinculados a energía, construcción privada y exportaciones, la actividad sigue siendo heterogénea y altamente dependiente de flujos financieros y estabilidad externa. La apreciación cambiaria real, la desaceleración del crédito en pesos y la sensibilidad creciente al contexto global continúan siendo focos relevantes de atención.
La divergencia entre sectores exportadores y vinculados a energía versus industria doméstica y consumo interno se consolida como una de las principales características del nuevo régimen económico argentino. En este contexto, seguimos favoreciendo exposición selectiva a energía, exportadoras, crédito corporativo hard dollar y soberanos en dólares de tramo medio, manteniendo una postura más cauta en duration larga en pesos, carry agresivo y compañías altamente dependientes del mercado interno.
Desde una perspectiva estratégica, el escenario base continúa siendo constructivo tácticamente, apoyado en desinflación gradual, estabilidad financiera y continuidad del apetito global por tecnología y riesgo emergente. Sin embargo, persisten riesgos estructurales relevantes vinculados a deuda global récord, deterioro fiscal en Estados Unidos, sensibilidad del sistema financiero internacional a tasas reales elevadas y fragilidad energética global.
La conclusión central de la semana es que el mercado continúa reaccionando positivamente a señales de alivio táctico, pero sigue subestimando la fragilidad estructural del entorno macroeconómico global. El principal riesgo ya no es únicamente inflacionario; empieza a transformarse progresivamente en un riesgo de crecimiento, márgenes y valuaciones.
En este contexto, mantenemos una estrategia enfocada en preservación de capital, calidad de activos, liquidez táctica y gestión activa del riesgo, priorizando activos reales, energía, crédito de calidad y exposición selectiva a sectores con capacidad estructural de generación de flujo y resiliencia frente a un entorno de tasas reales elevadas y mayor volatilidad macro-financiera.
