El cierre de 2025 y el inicio de 2026 confirman un escenario de transición relevante tanto para la economía argentina como para los mercados internacionales. A nivel local, el proceso de desinflación continúa avanzando en un marco de disciplina fiscal y monetaria, aunque con episodios de volatilidad mensual. La inflación de 2025 cerró en 31,5%, el nivel más bajo desde 2017, consolidando un cambio de régimen respecto de los años previos. El repunte de diciembre respondió mayormente a factores estacionales y no alteró la tendencia de fondo, que sigue siendo de desaceleración, apoyada en el superávit fiscal, el control de la base monetaria y la capitalización del Banco Central.
Este proceso tiene implicancias relevantes sobre la dinámica cambiaria. La inflación de cierre de año introduce ajustes en las bandas del tipo de cambio, habilitando un nivel nominal algo más elevado en los próximos meses. Sin embargo, el mercado continúa evaluando la consistencia del esquema macroeconómico y la capacidad del programa para evitar desanclajes de expectativas, en un contexto de corrección de precios relativos y contracción de la demanda de dinero.
En el plano fiscal subnacional, las cuentas provinciales muestran una mejora agregada, aunque con una marcada heterogeneidad entre distritos. Mientras algunas provincias lograron combinar mayores recursos con disciplina del gasto, otras mantienen desequilibrios financieros relevantes, un factor que será cada vez más observado por el mercado a la hora de evaluar riesgos fiscales y necesidades de financiamiento.
A nivel global, el comienzo de 2026 encuentra a los mercados operando con mayor cautela. El apetito por riesgo se mantiene, pero con una sensibilidad creciente a la credibilidad institucional, la política monetaria y el ruido político. En Estados Unidos, las tensiones entre la administración y la Reserva Federal reintroducen interrogantes sobre la independencia del banco central, lo que se refleja en ajustes de valuación, mayor volatilidad y una demanda parcial por activos de refugio.
El comportamiento de los mercados muestra una creciente discriminación sectorial. El sector financiero enfrenta presiones regulatorias y mayor incertidumbre sobre márgenes, mientras que las grandes tecnológicas alternan correcciones con renovados liderazgos, sostenidas por fundamentos asociados a la inteligencia artificial. En paralelo, el oro y otros activos defensivos registran avances en momentos de mayor incertidumbre, sin que ello implique una salida generalizada del riesgo.
En este contexto, el escenario no sugiere un cambio de régimen abrupto ni un riesgo recesivo inmediato, pero sí un entorno donde la prudencia, la selectividad y la atención a la calidad de los fundamentos vuelven a ser centrales. Para la toma de decisiones empresariales y patrimoniales, el foco estará puesto en la consistencia macroeconómica, la liquidez y la capacidad de adaptación a un ciclo global más exigente y sensible a la credibilidad de las políticas económicas.
