El mercado financiero argentino atraviesa una semana de definiciones relevantes, en la que confluyen señales del frente soberano, avances en la agenda de reformas estructurales y una dinámica macroeconómica que continúa condicionando las expectativas de inversión. Todo ello se desarrolla en un contexto internacional que, si bien mantiene un tono constructivo, comienza a mostrar una mayor selectividad por parte de los inversores.
A nivel local, el principal foco estuvo puesto en el debut del Bonar 2029N, cuyo desempeño empieza a delinear no solo su propia referencia de valuación, sino también la coherencia y credibilidad del tramo medio de la curva soberana en dólares. En la licitación, el Tesoro colocó USD 1.000 millones de valor nominal a un precio de USD 91, obteniendo financiamiento efectivo por USD 910 millones y fijando una Tasa Interna de Retorno del 9,26%, lo que implicó una compresión cercana a 100 puntos básicos respecto del AL30. La demanda fue sólida y permitió cumplir el objetivo de financiamiento sin convalidar primas excesivas. No obstante, el verdadero test se traslada ahora al mercado secundario, donde el precio comienza a reflejar la interacción libre entre oferta y demanda. En un escenario de convergencia con el rendimiento del AL30, el valor teórico del bono se ubicaría en torno a los USD 88, una corrección moderada que será clave para validar la confianza implícita en la licitación y definir su rol como referencia para futuras emisiones.
En paralelo, el Gobierno avanzó con el envío al Congreso del proyecto de Ley de Modernización Laboral, una iniciativa de amplio alcance que combina modificaciones en la Ley de Contrato de Trabajo, incentivos a la inversión, mecanismos de regularización del empleo no registrado y una reducción de contribuciones patronales con alícuotas diferenciadas según el tamaño de la empresa. Desde una mirada económica, el objetivo central es reducir el costo laboral formal y promover la creación de empleo registrado, aunque su impacto efectivo dependerá tanto del crecimiento económico como del timing legislativo, que por el momento luce más extendido de lo inicialmente previsto.
En materia de inversión real, se destacó la presentación del Proyecto Vicuña, impulsado por Lundin y BHP, para adherir al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones. Bajo la categoría de proyectos de exportación estratégica de largo plazo, la iniciativa contempla una inversión inicial de USD 2.000 millones en los primeros dos años y un monto total que podría superar los USD 15.000 millones. Este tipo de proyectos refuerza la narrativa de estabilidad normativa y horizonte de largo plazo que el Gobierno busca consolidar, con impacto directo sobre la generación de divisas, el empleo y los encadenamientos productivos.
En el plano sectorial, el Ejecutivo avanzó con una baja generalizada de retenciones al agro, llevando la alícuota de la soja a su nivel más bajo en casi dos décadas. Al mismo tiempo, persisten tensiones con el sector industrial, que reclama una mayor equidad tributaria en un contexto de mayor competencia externa y aceleración de importaciones. Sectores como acero, aluminio, petroquímica y automotriz concentran buena parte de las expectativas de nuevas definiciones, dado que el impacto fiscal de estas retenciones resulta acotado frente al potencial efecto positivo sobre competitividad y exportaciones.
La dinámica inflacionaria continúa mostrando un proceso de desaceleración, aunque con mayor rigidez en el corto plazo. Tras el piso alcanzado a mediados de año, el índice de precios exhibe una aceleración moderada, impulsada principalmente por aumentos en servicios regulados, transporte y alimentos, en particular carnes. Si bien el proceso desinflacionario no parece revertido, estos factores introducen un piso más elevado para la inflación mensual y condicionan las expectativas de tasas reales y la valuación de los activos financieros.
En el plano internacional, los mercados globales cerraron la semana con un tono de mayor cautela. En Estados Unidos, la atención se concentró en el sector tecnológico tras la caída de Broadcom, cuya guía de ventas no logró convalidar las expectativas asociadas al ciclo de inversión en inteligencia artificial. Este episodio moderó el impulso del Nasdaq 100 y del S&P 500 luego de alcanzar máximos históricos, aunque el resto de los activos de riesgo continuó mostrando fortaleza, evidenciando un proceso de rotación hacia sectores con valuaciones más razonables.
El trasfondo macro sigue dominado por la postura de la Reserva Federal, que reafirmó su sesgo hacia un ciclo de recortes de tasas, reforzando la expectativa de condiciones financieras más laxas hacia adelante. Este escenario comenzó a acelerar una rotación desde las mega-cap tecnológicas hacia regiones y sectores donde el crecimiento esperado ofrece una mejor relación riesgo-retorno, sin poner en duda el potencial estructural de largo plazo de la inteligencia artificial.
Europa se consolidó como uno de los focos positivos, con el Stoxx 600 alcanzando nuevos máximos, respaldado por valuaciones más atractivas y mayor previsibilidad macroeconómica. En Asia, los principales mercados se aproximaron a niveles máximos, renovando el interés por Japón, Corea del Sur y China, mientras que los flujos hacia mercados emergentes mostraron señales de recuperación, favorecidos por un dólar más débil.
En renta fija y divisas, el dólar se mantuvo cerca de mínimos de los últimos dos meses, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense mostraron una leve presión alcista, con el bono a 10 años en torno al 4,18%. Las materias primas acompañaron el tono constructivo: el oro y la plata consolidaron nuevas subas como activos de cobertura, el petróleo mostró un leve rebote desde mínimos recientes y Bitcoin se mantuvo operando en niveles elevados, reflejando su sensibilidad al entorno de liquidez global.
